PROMOVER EL BIEN MORAL 

Artículo publicado Revista MCLE Zürich 

Enero 2024 

PROMOVER EL BIEN MORAL 

Luego de que el papa Francisco nos propuso reflexionar sobre un amor universal que rompa barreras y abra al ser humano a la fraternidad sin condiciones y, de cuyo contenido, hablamos en la entrega anterior, el Papa nos invita a colocar ese mismo amor como la fuente de promoción del bien moral. 

En la encíclica Fratelli Tutti, este bien moral hace referencia a la acción del Espíritu Santo que orienta a las personas hacia lo bueno y a la búsqueda de su realización en la vida cotidiana. Hacer el bien se comprende, desde esta perspectiva, como un ejercicio de la fraternidad y del reconocimiento de nuestra responsabilidad personal como creyentes. Es decir, a un sentido esencialmente moral. 

Pero ¿qué significa hacer el bien? Para responder a esta pregunta es útil entender que el bien puede tener diferentes manifestaciones en cada persona, pero suele expresarse objetivamente. No es un parecer individual o subjetivo, sino que responde a un ejercicio de la razón y la experiencia sobre los valores y sentimientos que surgen desde lo “bueno”. 

Por ejemplo, si queremos hacer el bien a otro, es importante que identifiquemos lo que para esa persona significa bienestar. Evidentemente, para ello tendremos que tomar en cuenta si, por su madurez, es capaz de comprenderlo y si no implica hacer daño a otros o destruir un valor social o comunitario. Si queremos hacer el bien a un niño, tenemos que estar atentos a que no siempre, por su grado de madurez, él podrá identificar con nitidez lo que le hace bien. Puede que un niño sostenga y reclame algo como bienestar, pero no necesariamente tiene que ser así. Para ello es importante que apliquemos la razón y le ayudemos a comprender los valores que brillan detrás de la palabra “bien” sin invalidar sus gustos y preferencias. Podemos apoyarle para que capte por sí mismo el valor que dirige su bienestar. ¿“Hacer lo que le gusta” es un valor? ¿cuál valor es? ¿Para qué sirve? ¿Le hace daño a su salud integral? ¿Lo pone en riesgo? ¿Es bueno para los demás? ¿Cómo es bueno para los demás? 

Y es que querer el bien del otro consiste en ayudarle a que asuma su propia responsabilidad y que advierta que su bienestar está entretejido con el bienestar de los que lo rodean. Animarle y motivarle a considerar los valores de lo bueno, es animarle a comprender que el bien individual no es egoísta, sino que debe estar atento al bien de los demás. De hecho, el bienestar de una persona suele depender directamente de cuánto bienestar puede multiplicar a su alrededor. 

Es por esta razón que hacer el bien es un ejercicio que nos ayuda a entender cómo nuestras acciones afectan a otros y cuánto de sentido común existe en el “bien”. Por ejemplo, a nadie se le ocurre que el bienestar de un asesino o de un pedófilo sea “bueno” a pesar de que esa persona sostenga que le “hace bien” o a nadie se le ocurre aceptar que usar a otros para propio beneficio sea una acción buena, pero la mayoría aceptamos que el bien implica valores como la compasión, la empatía, el respeto por la diversidad y las necesidades de los demás, la justicia, la paz, la cordialidad, etc. 

Jesús nos ofreció pistas tremendamente claras sobre este tema. Primero cuando replicó “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo Dios” (Mr. 10:18) y luego, cuando nos invitó a entender “hacer el bien” desde la brújula del amor y la compasión sin condiciones. Un amor que incluso contempla el hacer el bien a los enemigos, dar y prestar sin esperar nada a cambio, tratar bien a quienes nos maltratan, insultan o rechazan y orar por esas personas. 

Hacer el bien, en este sentido, implica estar libre del deseo de recompensa, utilidad o reconocimiento. “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos (…) cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha…” (Mt, 6:2-3) 

En esta perspectiva, queda claro que, para los cristianos, el bien está ligado a la comprensión de la fraternidad y a la fe irrestricta en la bondad del creador. 

Cada cristiano debe interrogarse sobre el bien, lo bueno y lo bondadoso pues de esta indagación surgen los valores que tanto requiere nuestra sociedad y sobre todo, nos coloca en la responsabilidad de hacerlo cada día, estimando al otro tanto como nos gustaría que nos estimen a nosotros mismos y actuando coherentemente bajo este principio.