LA INTERPELACIÓN DEL FORASTERO

Para concluir el capítulo segundo de la Encíclica Frattelli Tutti, el papa Francisco nos llama a reflexionar sobre la condición y la cualidad del forastero. Lo propone como una manera de remarcar dentro del contexto de la parábola del buen samaritano, la incondicionalidad de la compasión.

Recordemos que Jesús está narrando esta parábola para explicar la palabra “prójimo” a un experto de la ley judía y como ya lo habíamos resaltado en entregas anteriores, provoca una tremenda transformación en la noción de prójimo que hasta entonces solo se refería al círculo familiar y nacional.

Para comprenderlo mejor, empecemos preguntándonos ¿Quién es un forastero? Según la RAE, forastero se refiere a cualquier persona que provenga o ha llegado desde otro lugar.

Para nosotros esto resulta muy significativo, pues somos migrantes en este país y, por tanto, imagino que todos comprendemos que esta condición puede poner a muchas personas en una situación de extrema vulnerabilidad.

Pero también imagino que, al tener la experiencia de la migración, todos habremos advertido que esa vulnerabilidad tiene que ver más con una cultura discriminatoria y violenta que solo con la condición de ser extranjero. Si un extranjero es violentado por la sociedad que lo recibe es esa sociedad la que lo pone en una situación vulnerable. Ser forastero no tiene por qué ser un problema siempre y cuando existan personas que reconozcan que esa persona necesita ser acogida y respetada.

Todos somos forasteros en algún momento de la vida. La diversidad en el mundo es un hecho y hace que éste sea un lugar exuberante y capaz de enriquecerse a sí mismo. Muy parecido a lo que vemos en la naturaleza donde todo es tan disímil y multicolor y, sin embargo, convive en una unidad.

Ningún cristiano y menos un migrante, podría desconocer esta realidad y condicionar a las personas por alguna cualidad específica, máxime si tomamos en cuenta que el mismo Jesús nos dijo “Fui Si forastero y me recibisteis» (Mt 25,35).

Lo cual encierra una de las invitaciones más potentes de Jesús: comprender que Dios nos ama a todos y que esta realidad nos convoca a responder como una unidad diversa pero no dividida. Lamentablemente, como hemos señalado en escritos anteriores, el ser humano insiste en dividirse y en adornarse con todo tipo de artilugios sociales y culturales para sostener la cultura de la diferencia. Y no es una exageración decir que tal cultura de la diferencia es la madre de toda una serie de prácticas inhumanas e injustas.

Comprender la unidad es comprender que somos capaces de “hacer lo común” y que solo con esa mentalidad podemos transformar la sociedad. Comprender la unidad en la diversidad es aproximarnos también al misterio de la Trinidad y entender que desde esa unidad fuimos creados y desde esa unidad, Jesús habló y murió hace más de dos mil años.

Es decir que en la palabra “prójimo” está una de las claves más importantes para entender nuestra fe. Si el prójimo es amado por Dios como yo soy amado/a, entonces estamos unidos indisolublemente por ese misterio y todo aquello que haga en contra de mi prójimo, en el fondo lo hago contra esa unidad y, al contrario, todo aquello que haga a su favor, construye unidad y expresa a Dios en este mundo.

Por tanto, no estamos en un asunto que debemos pasar por alto, pero hay que decir que la incondicionalidad de la noción de “prójimo” a la que nos invita Jesús es un tema complejo cuando no se ha revisado interiormente la vanidad, el orgullo, el egocentrismo o el miedo a sentirse como uno más del montón. Revisar cómo vemos al otro es revisar también como nos vemos a nosotros mismos.

Jesús siempre nos coloca en esta situación; es decir, toda su enseñanza es un llamado a mirarnos por dentro, incluso cuando contesta sobre una doctrina o una noción específica (como es el caso de la palabra “prójimo”) y termina, de una manera increíblemente inteligente, dándole un giro de 360 grados para implicar directamente a la persona que ha preguntado al respecto.

Así ocurre en la parábola del buen samaritano que empieza con una pregunta del experto de la Ley sobre lo que se entiende por “prójimo” y termina luego de la narración de la parábola con una exhortación directa e inequívoca -Anda entonces y haz tú lo mismo-

Así que, tomemos esta invitación de Jesús muy seriamente y hagamos que esto sea real en la práctica.

La interpelación del forastero es la interpelación de la diversidad en la unidad. De esta comprensión depende completamente que hagamos vida lo que quiso decir Jesús cuando dijo ““Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” y cuando nos exhortó “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?”.